El comercio como estrategia para la
lucha contra la pobreza
Podría decirse con
Amartya Sen que “hace falta crear condiciones que permitan
un reparto integro y más justo de los enormes beneficios
del comercio.” Y esas condiciones son procesos que en un plano
muy amplio están identificadas con la urgencia de disminuir
la pobreza en el planeta y que trabajan de forma incesante en la
búsqueda de opciones, estrategias y programas.
El mismo Sen se pregunta
si es posible hacerlo sin destruir la economía global de
mercado y su respuesta es un “Sí” en donde despliega
el siguiente argumento: “La aplicación de la economía
de mercado es consistente con formas muy diferentes de distribución
de los recursos, normas de funcionamiento (como las leyes sobre
patentes o las regulaciones antimonopolio) o condiciones que favorezcan
la participación en el mercado (como la educación
básica o la asistencia sanitaria) dependiendo de estas condiciones,
la propia economía de mercado generaría diferentes
precios, condiciones de semejantes, distintas distribuciones del
ingreso y, en términos mas generales, resultados globales
diversos. Los cambios institucionales y las reformas políticas
pueden alterar de forma radical los niveles imperantes de desigualdad
y pobreza, sin hundir con ello la economía global.”
De hecho, no se trataría
de anteponer el Comercio Justo como un paradigma que elimine el
comercio internacional o nacional, sino que en ese marco se avance
en una racionalización del intercambio comercial que favorezca
a los más pobres. La utopía de un mundo más
justo y por lo tanto más igualitario, debe alimentarse de
opciones que vinculen de forma decidida a los menos favorecidos,
a los territorios con menores posibilidades de desarrollo y a los
países del sur como los grandes escenarios de la pobreza
mundial.
La concentración de
la riqueza y la capacidad para lograr las metas de desarrollo distanciaron
el norte del sur; las sucesivas hambrunas y desastres nacidos en
la pobreza y la degradación del medio ambiente alcanzaron
unas dimensiones tan escandalosas que muchos ciudadanos del norte,
y aún de clases ricas de los países del sur, empezaron
a sentir la necesidad de participar de forma activa en la solución
a esos problemas.
Se produce lo que podría
llamarse una “concienciación” de muchos ciudadanos
de países ricos que sienten que ya no sólo es importante
comprender los problemas de pobreza sino trabajar por la solución.
Surge una interesante cuestión ética que no puede
ser soslayada en la búsqueda de las razones para que este
fenómeno coja fuerza.: no poder disfrutar del desarrollo,
si éste se hace a costa de la pobreza de los países
del sur o de la población pobre o en la miseria.
¿Qué
es lo que está animando este movimiento y cuál es
el escenario que lo favorece?
Un primer aspecto para la
comprensión de este fenómeno, y fundamental, es la
inmensa desigualdad económica y social entre ricos y pobres,
así como la incapacidad de los modelos económicos
en boga para disminuir esa brecha creciente entre sur y norte. Las
diferencias son, en muchos casos absurdas, y la concentración
de riqueza antes que disminuir, aumenta. El problema de la desigualdad,
la pobreza, la violencia y el deterioro ambiental, animó
a las Naciones Unidas a proponer y desarrollar unas metas para el
milenio teniendo como horizonte el 2015.
También cobra importancia
la emergencia de organizaciones no gubernamentales que lideran en
gran parte la responsabilidad social de los países del norte
frente a los problemas del sur. El auge de estas organizaciones
se ha expandido en cobertura y temáticas, las cuales abarcan
desde la oposición a la guerra, hasta la lucha contra el
SIDA o a favor del medio ambiente y de los derechos humanos. Estas
organizaciones también son canales de distribución
de la ayuda para el desarrollo, y en ellas recae muchas veces la
responsabilidad de temas cruciales para los países del sur.
Otro aspecto es el desplazamiento
de la acción con conciencia social desde el Estado hacia
la ciudadanía organizada. Estrechamente relacionado con el
anterior punto esta dinámica ha provocado un movimiento muy
amplio y políticamente diverso en el que la ciudadanía
participa de forma activa, sea como líder o sea como voluntaria.
Este último es un fenómeno que ha crecido y se constituye
muchas veces en uno de los apoyos más fuertes, para esto
que hemos llamado acción con conciencia social. Las ONG`s
constituyen así mismo un fuerte grupo de presión política
y social sobre los organismos internacionales y las instituciones,
y su acción no pocas veces significa cambios en políticas
de los países ricos.
Un último aspecto
que debe ser tenido en cuenta es el aceleradísimo desarrollo
de las tecnologías de la comunicación y la información.
Estos avances han permitido que los problemas de los países
pobres sean más divulgados y por lo tanto, asequibles a los
ciudadanos del norte. El despliegue de INTERNET en el mundo desarrollado
ha sido vertiginoso y su cobertura se ha ampliado de formas no previstas
hace apenas una década. En síntesis, la tecnología
de la información empieza a ocupar un lugar en la solución
a problemas de intercambio entre norte y sur.
Este particular contexto
en el marco de los procesos de globalización al día,
hace que asuntos como el Comercio Justo puedan entrar a jugar un
papel importante en el comercio internacional. De hecho, en la misma
conciencia institucional el problema de la pobreza y las diferencias
entre pobres y ricos ocupa hoy un lugar preponderante de las agendas.
Organismos internacionales, agencias de cooperación e instituciones
han hecho del problema de la pobreza un asunto clave en sus líneas
de acción. También la empresa privada ha entrado a
jugar un rol desde los grandes almacenes hasta los conglomerados
internacionales, quienes buscan estrategias de vinculación
a un proceso en el que juega un papel fundamental la responsabilidad
social de las organizaciones.
Puede entenderse el comercio
no convencional como una opción dirigida a disminuir la brecha
entre ricos y pobres, así como una dinámica que favorece
a pequeños productores agrícolas o microempresarios
rurales y urbanos de los países del sur. Lejos de entrar
a dilucidar en este texto la generosidad de las políticas
comerciales actuales, se parte de la consideración de la
necesidad de encontrar mecanismos de equilibrio en el marco de esas
políticas comerciales. Gran parte de los teóricos
de este movimiento de Comercio Justo están de acuerdo en
los aspectos básicos que habrá que transformar para
que el comercio se constituya en una estrategia que reduzca realmente
el problema de la pobreza.
Se destaca algunos presentados
por OXFAM
• Reformas redistributivas ligadas a las estrategias nacionales
para la reducción de la pobreza.
• Actuaciones para hacer frente al problema de la corrupción.
• Aumentar el apoyo técnico a los países pobres
mediante la Financing Facility for Trade-Related y Capacity Building.
• Mayor transparencia en cuanto a las influencias extraoficiales.
• Desarrollo de un Mecanismo Mundial Anti - Monopolio.
Todas estas medidas están
dirigidas a reducir la pobreza por el camino de un comercio que
se constituya en clave de desarrollo y no en origen de la desigualdad
y la exclusión. Es un hecho fundamental que en los países
del sur, los gobiernos tendrían que incorporar a la agenda
de solución de la pobreza el comercio, y pensamos que ya
no sólo el que está relacionado con exportaciones-
importaciones, sino también el comercio interno. En esta
última tesis reposa gran parte de nuestra propuesta de hacer
un comercio favorable a los más pobres en Colombia y América
Latina: el incorporar el comercio como eje de una economía
más justa, el encontrar formas, instrumentos e incentivos
para avanzar en este sentido.
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